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Los tres guardianes

hace 4 días
2 min de lectura
Tres Pastores del Cáucaso protegen ovejas y corderos recién nacidos en un valle de montaña.
Recreación artística inspirada en el relato recogido por Borís Riabinin.

Historias reales


Basado en una historia recogida por Borís Riabinin a partir de un relato que escuchó en la región de Stávropol.


Era marzo. En el Cáucaso, el invierno todavía no había decidido marcharse. En las montañas, un día tranquilo podía convertirse en cuestión de minutos en una tormenta de nieve que borraba caminos, huellas y cualquier punto de referencia.


Así comenzó todo.


Una ventisca se abatió sobre los pastos. El viento azotó el rebaño, la nieve se arremolinó alrededor de los animales y la visibilidad desapareció. Cuando pasó la tormenta, faltaban unas cuatrocientas ovejas. Con ellas también habían desaparecido los tres Pastores del Cáucaso que las protegían.


Comenzó la búsqueda. La gente recorría las laderas y los valles, revisando los lugares donde los animales podrían haber encontrado refugio. Pero no había ni rastro del rebaño.


Los días se convirtieron en semanas. La esperanza se iba desvaneciendo — costaba imaginar que las ovejas y los perros pudieran sobrevivir tanto tiempo solos en las montañas.


Sin embargo, en algún lugar allá arriba, los tres guardianes seguían cumpliendo con su labor.


En mayo, aproximadamente un mes y medio después de su desaparición, por fin encontraron el rebaño en un profundo barranco. Las ovejas estaban vivas. Y ya no eran cuatrocientas, sino unas quinientas: durante aquellas semanas habían nacido corderos.


A su lado estaban los tres perros — completamente agotados, con heridas de sus enfrentamientos con los lobos, pero todavía en sus puestos.


Nadie sabía cuántos ataques habían repelido ni de dónde habían sacado fuerzas para resistir. Borís Riabinin supone que probablemente se alimentaban de pequeños animales que lograban capturar.


Pero una cosa estaba clara: no habían abandonado el rebaño.


No había ningún pastor que los guiara, les llevara comida o tomara el relevo. La responsabilidad seguía siendo suya.


Para un Pastor del Cáucaso, el rebaño es mucho más que los animales junto a los que camina. Es aquello que se ha confiado a su cuidado — incluso cuando el ser humano ya no está a su lado.


Cuando los encontraron, los tres perros difícilmente podían saber que habían hecho algo extraordinario. Quizá, para ellos, todo era mucho más sencillo:


Llegó la tormenta.

Los hombres desaparecieron.

El rebaño permaneció.


Y alguien tenía que protegerlo.


Ellos eran ese alguien.


Todavía allí.

Junto al rebaño.

Hasta la última oveja. 🐾


 
 
 

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